La comodidad de comprar sin llevar dinero
A esta ventaja con la que nacieron las tarjetas de crédito, se les han añadido numerosas más como son la posibilidad de gastar incluso sin tener dinero en el banco. En este caso que es el de las verdaderas tarjetas de crédito. No sólo no hace falta que llevemos dinero encima sino que tampoco hace falta que dispongamos del dinero en el banco. La tarjeta nos permite gastar hasta un límite o incluso también las hay sin límite y el importe de las compras lo podemos bien aplazar en diferentes cuotas, bien en una única cuota fija. En estos casos normalmente las tarjetas cobran un determinado interés, pues en realidad funcionan como si fuera un préstamo. Estas tarjetan dan la posibilidad de poder volver a gastar el dinero, una vez que lo hemos amortizado, de manera que se convierten en una línea de crédito continuo, disponible gracias normalmente a una cuota anual que muchas tarjetas como la American Express suprimen y gracias al pago de intereses en la devolución del dinero. Las tarjetas de crédito sirven además hoy en día como garantía de pago o fianza para determinados servicios como puede ser la reserva de una habitación en un hotel o pueden incluso llegar a ser obligatorias para por ejemplo el alquiler de un coche.
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